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jueves, 8 de septiembre de 2022

A veces el uso de modismos ingleses en nuestra lengua nos hace dudar

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viernes, 8 de julio de 2022

EL BANQUETE DE LA VIDA


Ten√≠a once a√Īos, mi hermana nueve. Pas√°bamos las vacaciones en un lugar de la costa de M√°laga. Mam√°, embarazad√≠sima, no se encontraba bien aquella ma√Īana. Nos quedamos en el apartotel en lugar de ir a la playa. Pap√° nos baj√≥ a la piscina. La ten√≠amos solo para nosotros. El resto de los hu√©spedes estaban disfrutando de las olas y el c√°lido roce de la arena.

Pap√° se sent√≥ en el bordillo por la parte profunda. El agua, de un turquesa intenso, destellaba en c√≠rculos cegadores. Se mov√≠a tonta y peligrosamente, esa impresi√≥n tuve. «Si la miraba lo suficiente me atraer√≠a a las profundidades».

Pap√° se lanz√≥ al agua, extendi√≥ los brazos hacia nosotras invit√°ndonos a saltar. Escuch√© a mam√° gritar, «¡Fernando, los flotadores!». Pero pap√° no estaba dispuesto a dejar la piscina y subir por ellos. Me ofrec√≠ a hacerlo yo, la respuesta no fue la que esperaba, «Venga, ¿qui√©n quiere ser la primera?».

Mi hermana me mir√≥, se encogi√≥ de hombros y, siempre m√°s decidida que yo, dio un brinco hacia los brazos de pap√°. Se sumergi√≥ un poco, pap√° la agarr√≥ y sac√≥ a flote. La ayud√≥ a subir al bordillo. Repiti√≥. Al tercer salto, pap√° la dej√≥ hundirse. La vi pedalear y bracear, vi como su cuerpecillo, borroso en alg√ļn momento, se defin√≠a conforme ascend√≠a. Emergi√≥ con una sonrisa de oreja a oreja. «¡T√≠rate, t√≠rate, no pasa nada!»

Sab√≠a que “no pasaba nada”, sab√≠a que pap√° que inventaba cuentos de animales de colores para nosotras, que se levantaba por la noche para darnos el jarabe de la tos y nos cantaba Quisiera ser marino, una canci√≥n que ni √©l mismo sab√≠a de d√≥nde hab√≠a salido, nunca permitir√≠a que pasara algo.

Mamá, en el balconcillo, había abandonado la tumbona con la primera zambullida de mi hermana y permanecía acodada en la barandilla. No había vuelto a gritar nada sobre flotadores.

El silencio era tranquilizador. La masa de agua, inmensa. Parec√≠a que un cuchar√≥n manejado por un ser poderoso e imposible de abarcar con la vista por sus dimensiones descomunales se ocupaba de mecerla. No era tan inocente como mover un guiso. Se trataba de lanzarse a un foso profundo y hundirse. ¿Hasta d√≥nde? Se trataba de renunciar a respirar hasta volver a la superficie. ¿Durante cu√°nto tiempo? «No te preocupes ahora vamos a la parte donde no cubre», o√≠ a pap√°.

Volv√≠ a mirarla. «Me dejar√© hipnotizar, ella har√° el trabajo». Mov√≠ los pies, saqu√© los dedos fuera del bordillo. Sent√≠ el vac√≠o. El azul turquesa, partido en pedazos redondos y refulgentes recordaba platos desordenados entrechocando. Hab√≠a armon√≠a y paz en el vaiv√©n borracho y despreocupado. Y salt√©. A√ļn estaba sumergida cuando o√≠ los aplausos de mi familia.

Después vinieron decenas de saltos.

 

domingo, 20 de febrero de 2022

microrrelato

 UNA MANTA MENOS 

Mientras caminaba por el and√©n de √ďpera, o√≠a la flauta. Sab√≠a qu√© me esperaba: el muchacho melenudo, el cachorro, la manta, el blanco porcelana de los azulejos tras ellos. Y las miradas de ambos. Me acobardaba toparme con ellas. Retrasaba mi paso de bailarina, el momento de enfrentarme a sus ojos. Hab√≠a tomado la costumbre de rebuscar en el monedero antes de girar el pasillo para tener la moneda preparada. La dejaba caer en la manta sin mirar, o mirando apenas. Pero ellos siempre me atrapaban, o yo me dejaba seducir por la m√ļsica.

Ahora el cachorro es adulto, nosotros también.





GERUNDEANDO

https://www.tallerdeescritores.com/quedate-en-casa-a-escribir?sc=dozmv7bo8hzl6um&in=kw35vb0jr7h13kf&random=9092 Por César Sánchez