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miércoles, 13 de diciembre de 2023

AGUA SOBRE UN CRISTAL


Había un chisporroteo al otro lado del cristal, púas transparentes que se derretían en ríos de agua. Había un bosque naranja deshojado en el suelo y una luz lejana al inicio del camino que conducía a la casona. Había un perro que dormitaba guarecido bajo el alero de la puerta principal que no ladró, ni anunció la llegada de la desconocida.

Ángela, recién acostada en la cama de acompañante del dormitorio de la anciana, escuchó el golpe del aldabón. Las zapatillas cubrieron la transparencia de los pies, los pantalones del pijama de fieltro se metieron dentro. Antes de que pudiera erguirse y colarse la bata llamaron de nuevo. La anciana se revolvió en la cama. Ángela se acercó, le susurró palabras tranquilizadoras y salió del cuarto. Dejó atrás el pasillo, el vestíbulo que dividía en dos la planta baja, la cocina a la izquierda, el tenebroso despacho del juez a la derecha. Se acercó a la galería que sobresalía en la fachada oeste. Desde allí pudo ver la silueta embozada en una capa oscura y encapuchada. La vio levantar la mano dispuesta a golpear de nuevo y dejarla en suspenso en el aire. La mujer se volvió hacia ella, al verla avanzó hacia la cristalera. La lluvia convertía los rostros, el suyo el de la intrusa, en licuadas calaveras.

__¡Váyase! __gritó convencida de que la oiría aun con el martilleo de la lluvia__ ¡Fuera de aquí!

__Usted me conoce, la vieja me conoce y el juez me conocía __dijo la embozada__. Sabe quién soy. Abra, no busco venganza, solo quiero hablar con el juez __insistió.

__El juez murió hace unos meses.

__No. Lo vi ayer en el pueblo con los que jugaban a cartas en el casino.

Ángela sintió el latiguillo escalofriante discurrir por la columna y asentarse entre los hombros. Abrazó su cuerpo de lado a lado, frunció tristemente los labios.

__Está muerta, por eso lo vio __dijo antes de separarse del cristal apenas visible.

 

 

 

EL PROFE

 

No me costó nada identificar sus pasos; nada imaginarla consultando el reloj, calculando cuanto tardaría en cumplir mis deseos y acudir a la siguiente cita. Lo que no podía imaginar, soñar siquiera, era qué mujer tocaba la puerta en ese instante con insinuante martilleo. Es la primera vez que pago por esto, dije acobardado al ver la lencería que, sin ser un entendido, me pareció, lujosa muy al contrario que mis calzoncillos Oceán 😰. Debí haberla recibido en la cama. 

💋Ella sonriente y sinuosa se acercó y me empujó hacia allí. Tuve el recuerdo de la primera vez. La primera vez con Juani, mi mujer. Volví la cara para evitar ver el rostro de Juani reflejado en el de Penélope. Todo en ella es apropiado, hasta el nombre, pensé. Todo en mí, desastroso. Un momento, no va a salir a bien, dije acodándome en la cama que de forma incomprensible navegaba bajo mi orondo cuerpo. Vamos, cariñito, déjame a mí, irá de maravilla, me susurró clandestina al tiempo que notaba su mano en Pepe. Así bautizó Juani a mi polla. No, no, va a ser un desastre. Notaba a Pepe castigado cara a la pared. Mis codos resbalaron, escuché el glu glu de la cama de agua. Sin duda Penélope advirtió mi sorpresa. No me digas que no has follado en una cama de agua, preguntó compasiva ladeando la cabeza. Negué con la cabeza mientras 💣Pepe iba rebelándose contra el castigo del rincón y empezaba a mirar de frente con insolencia inusitada. 

Penélope 🏀 jugó con Pepe en el patio grande y en el chico, en el aséptico laboratorio y, finalmente, en el salón de actos. El pobre llevaba meses de abstinencia desde la muerte de Juani. Por extraño que parezca, cuando Penélope iba a marcharse y yo depositaba unos pocos billetes de más en su mano, no le dije que quería repetir. Solo la acompañé a la puerta. Me vi obligado a restregar a Pepe __que se negaba rotundamente a dejarla ir sin más__ contra la calidez de sus muslos. Entonces Penélope abrió una libreta, Pasado mañana a la misma hora, ¿te va? Qué fácil asentir. 💘

miércoles, 25 de octubre de 2023

¡Qué bueno, por favor!

Análisis del cuento de Schweblin, "Salir"

https://mulitadigital.com.ar/salir-con-samanta-schweblin/


 

lunes, 10 de julio de 2023

                                                                 TEJER



El día amaneció soleado, durante la mañana se había nublado. La obligó a acercar la butaca a la ventana para ver la labor. También desde ese punto podía ver la puerta del piso. Él dijo que llegaría a las doce. Echa un vistazo al reloj. Aún faltan veinte minutos para que se entrelacen las agujas. Vuelve la vista a las que tiene entre las manos. La malla de punto ha ido creciendo lenta y precisa bajo el impulso de las manos en las últimas cuarenta y ocho horas. Hábiles confluyen arriba y abajo con un ritmo que empalma el entrechocar de las agujas con el tic tac del reloj. Teje con rapidez ¬—las cruza por arriba, descruza, vuelve a cruzar— como si tuviera que acabar la prenda antes de que él llegue. En cierto momento se agarrotan las manos. Las frota, las sacude. Sudan impacientes, nerviosas. Vuelve la vista a las agujas, a la intersección, al cruce en equis de los puntiagudos palillos metálicos. ¿Es la punta lo bastante aguda para perforar alguna zona del cuerpo?, se pregunta mientras observa los centímetros que ha añadido a la malla. En la ingle, donde hay una arteria importante, razona. Pero, no. No va a darle la ocasión de desembarazarse de los pantalones. En el cuello, tal vez. Sí, el cuello. Una perforación certera. Que se desangre lentamente para que pueda explicarle antes de que muera que conoce exactamente cuándo y dónde esa mujer se interpuso. Él sabía la delgada línea que para ella separaba el amor del odio. Que comprenda antes de perder el conocimiento el cuidado que pone en todo lo que hace, en lo que decide hacer, y como ha construido una vida perfecta y como él, maldito bastardo, la ha deshecho porque encontró el cabo, la única fragilidad insalvable: la infidelidad. Las agujas del reloj se aproximan, pronto serán una sola línea sobre el mediodía. Se levanta de un salto. Mira por la ventana, lo verá acercarse, evitar la intersección, llegará al paso de cebra que se encuentra bajo la ventana, lo atravesará. Después sonará el timbre. Y ella mirará la malla tejida que tal vez podría convertir en una bufanda para él. Pero no es eso lo que quiere que suceda, no es lo que va a suceder. Cuando se halle ante la encrucijada, ¿abro o no abro?, abrirá. Luego lo dejará usar su llave, se acercará con las agujas en la mano como si fuera a besarlo.
Las ha dejado en el sillón al levantarse, los puntos se reparten en una y otra aguja, las sacude. La malla resbala, las libera.

GERUNDEANDO

https://www.tallerdeescritores.com/quedate-en-casa-a-escribir?sc=dozmv7bo8hzl6um&in=kw35vb0jr7h13kf&random=9092 Por César Sánchez