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sábado, 10 de diciembre de 2022

Mieditis

La noche me cayó como un cubo de agua fría. Resbaló desde mi cabeza, se escurrió por la espalda y tuve conciencia del desperdicio de calor. Toda yo evaporada bajo el agua fría. Convertida en gas, invisible, sin materia. Volátil.

Podía ir donde quisiera, colarme en cualquier lugar. Podía desaparecer del mundo y estar. Era lo más parecido a un milagro que había conocido. Solo una mujer podía desenmascararme. Una señora obesa y cuadriculada que vigilaba desde su silla de ruedas cada ventana del patio, desde la suya.

Ella me veía, me saludaba, me preguntaba qué había aprendido ese día, qué había estudiado.

A partir de esta noche no le contestaré, me dije. 

Pero ella me vería, vería el vapor en mi ventana. Un vaho inusual, diferente, con silueta de mujer. Y diría: ¡Ah!, pillina, te has evaporado para no presentarte a los exámenes.

 



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GERUNDEANDO

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