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domingo, 9 de noviembre de 2014

Una Perla : Definición de Cuento

Enrique Anderson Imbert fue uno de los mejores críticos y narradores de Argentina. Gran enamorado de la literatura, en su libro Teoría y técnica del cuento el viejo profesor nos dejó una magistral enseñanza acerca de qué es un relato. Aquí va:

“El cuento vendría a ser una narración breve en prosa que, por mucho que se apoye en un suceder real, revela siempre la imaginación de un narrador individual. La acción –cuyos agentes son hombres, animales humanizados o cosas animadas- consta de una serie de acontecimientos entretejidos en una trama donde las tensiones y distensiones, graduadas para mantener en suspenso el ánimo del lector, terminan por resolverse en un desenlace estéticamente satisfactorio”.

Revisemos juntos algunos conceptos clave que encierra la segunda parte de la definición:

(La acción) “consta de una serie de acontecimientos”, en los cuentos pasan cosas. Se muestran acciones y personajes que las llevan a cabo. En la descripción en prosa de un paisaje pesadillesco no hay historia hasta que no sobrevenga la pesadilla con sus oscuros hechos y los personajes que lo sufren.

“entretejidos en una trama” esas cosas que pasan forman una urdimbre compacta, una trama de hilos argumentales que, enlazados, van configurando la tela, la textura del texto.

“donde las tensiones y las distensiones”, esta noción es fundamental, cuando a un personaje le pasan cosas, su mundo se altera: se produce un juego de tironeos argumentales que los afectan a él y a su entorno. En medio de esos zarandeos, vemos agonizar (luchar, en griego) a los protagonistas.

“graduadas para mantener en suspenso el ánimo del lector”, el juego de tensiones e intensidades va creciendo de manera tal que no podemos dejar de leer el cuento. Por eso decimos que una buena historia “nos va atrapando”. Parece una metáfora pero es real: el ánimo del lector queda suspendido –“colgado”-hasta la próxima página o renglón.

“terminan por resolverse en un desenlace”. Tarde o temprano, toda sucesión de hechos concluye. Siempre hay una resolución, aun cuando no haya desenlace argumental o el final del cuento quede “abierto”. Las tensiones terminan por distenderse, para bien o para mal de los protagonistas.

“estéticamente satisfactorio”, esa resolución es apropiada cuando satisface nuestro apetito por la belleza. Advertencia: un cuento de espantoso final resulta estéticamente satisfactorio, si bien no “moralmente satisfactorio”.

Básicamente, toda buena historia es una estructura en la que intervienen cuatro momentos bien diferenciados:
Situación inicial: es la que cuenta el estado de las cosas, el ámbito en el que se desarrollará la narración. Es todo lo que sucede previamente al verdadero comienzo de la historia.
Situación número dos o disparador: algo o alguien interfiere en la situación inicial. Lo nuevo y lo inesperado se presentan y atacan el imperante estado de cosas.
Conflicto: del choque de la situación número dos con la situación inicial resulta, siempre, una contrariedad, una dificultad, una traba. A todos esos fenómenos que amenazan cambiar la vida de los protagonistas se los llama, técnicamente, conflictos. Cambian la vida de los personajes tanto para mal como para bien; la situación inicial no tiene por qué ser siempre sosegada y apacible. Supongamos una novela que comienza en un campo de concentración y que describe en sus primeras páginas la horrible miseria de las víctimas y el sadismo de los victimarios (situación inicial). En los siguientes capítulos, una nueva prisionera entre en escena y el jefe del campo se enamora de ella (situación número dos o disparador). ¿Qué debe hacer ese comandante? ¿Ceder al deber y terminar con la vida de su amada o dejarse ganar por el amor? (conflicto). Es el juego de tensiones y distensiones del que hablaba Anderson Imbert.
Resolución: esas tensiones y distensiones tienen que resolverse de algún modo. Las cosas tomarán determinada dirección y desembocarán en una situación de la que no se puede regresar: el final. Ubicado ante el conflicto, el jefe del campo tiene tres posibilidades, como siempre nos sucede a todos en la vida cuando debemos enfrentarnos a situaciones que nos mueven el piso: a)huir; b) pelear; c) adaptarse.



Material extraído del libro "Atreverse a escribir" Marcelo di Marco y Nomi Penzik

Para escribir cuentos, Flannery O'connor

Absolutamente recomendable, no os lo perdaís:


http://cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/1795/2/199074P99.pdf

viernes, 7 de noviembre de 2014

La razón número diez

Sentada sobre la sucia manta verde, frente al súper, le sonrió tras la taza humeante.
—No. Nadie me echaría de menos.
—Ok. Si los otros nueve no lo hacen, yo sí.
—Tú no cuentas, te piras mañana.
—Pero hoy estoy aquí. —Se sentó en el suelo abrazándose las piernas—. Hablando contigo.
—¿De qué?
—No sé, ¿de qué te apetece?
—Ayer se me acercó un extranjero, ¿sabes? Y me trajo un sándwich de pollo, un refresco de naranja y una bolsa de patatas fritas —los dos rieron— y esta mañana ha aparecido con un café...

Pablogsgm

El embrujo de Shangai

Desde su tenderete junto a la verja, Juan y Finito habían establecido con la niña enferma una relación muda y afectiva, un código risueño de señales y referencias, y a menudo le prestaban tebeos y novelitas y la proveían de hojas de eucalipto para la olla. La madre de Susana solía aparecer en el jardín para enviar a uno de ellos a comprar fruta, o al carbonero, o al panadero, y cuando por la tarde se iba al cine les pedía que vigilaran para que no entrara nadie en el jardín. Algunas veces me paré a hojear novelas en el tenderete y podía ver a Susana levantarse de la cama y saludar a sus guardianes desde el otro lado de los cristales con una sonrisa triste y agitando la mano.

Un atardecer inhóspito que pasé por la calle de las Camelias cuando los Chacón ya se habían ido, seguramente atosigados por el frío y la neblina que barría la calle y desdibujaba el jardín y la torre, me pareció ver una mancha rosada girando como una peonza detrás de la vidriera, junto a la cama, y era la niña tísica que bailaba abrazada a su almohada. Fue solo un momento, enseguida se dejó caer de espaldas sobre el lecho, luego se incorporó y vi con claridad su mano limpiando el vaho del cristal y seguidamente su cara pegada a él pálida y remota, mirándome como si flotara en el interior de una burbuja. Pero creo que no me vio, porque agité mi mano y no respondió al saludo, y la cálida atmósfera de la galería no tardó en empañar nuevamente el cristal hasta emborronar su rostro.


Juan Marsé.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Entrevista a Andrés Neuman


El Pasado No Es Entretenido, Sino Revelador. Julio 14, 2009


"... Y si lo hice fue porque, por un lado, el mayor acto de justicia era terminarla para poder dedicársela a mi madre, y, por otra parte, ya que no había podido salvar a mi madre, era una tremenda pena dejar morir a los personajes del libro. Y bueno, la ficción tiene ese poder de resurrección no de los seres que tú amas, pero sí de las emociones que los rodean."

Andrés Neuman

Odisea de las castañas



Cuando Guille dio la vuelta a la esquina ya no volvió a ver a Luisito por ningún lado, la plaza estaba concurrida pero ni rastro de aquel pequeñajo, que como siempre, después de provocarle, se le había escurrido como una lagartija entre las calles y los soportales.

Mortificar a Guillermo Robledo De los Robledales, era el más divertido de los juegos para Luis, que no desaprovechaba ocasión cada vez que se lo cruzaba por el barrio:

― ¡Eh, gafotas! ¡Estirao que te pisas la corbatita!

― ¡Cara huevo! ¡Cara huevo!

De nada le servían al niño Robledo sus trece abriles ni sus largas y escuálidas piernas, aquel mocoso de nueve años era su peor pesadilla; menudo y ligero como un gorrión, Luisito siempre se le escapaba, o se camuflaba con el entorno como un camaleón o simplemente desaparecía por arte de birlibirloque.

¡Demonio de crio! Aquella tarde no encontró mejor escondite que tras el puesto de castañas, y ¡Virgen de los Castaños! junto a un saco lleno de castañas, gordas y duras como pelotas de caucho. Con la rapidez de una ardilla, sin que la castañera se apercibiera de nada, se llenó los bolsillos y bien abastecido de munición se pertrechó tras el quiosco de prensa. Cuando la cara de Guille no hizo más que aparecer por el chaflán, mirando a uno y otro lado: ¡Zaca! ¡castañazo! ¡en plena frente! pues no tenia puntería Luisito ni nada, tan entrenado como estaba en tales ofensivas.

El pobre de Guille no supo ni por dónde le venían los tiros. Seguía cabeceando con su cuello de ánade en todas las direcciones buscando a su torturador, cuando un nuevo proyectil le dio en mitad de la espalda. Se volvió y vio la castaña en el suelo, la recogió, la miró con atención y aunque el chico no era muy avispado, logró relacionar la extraña munición con el puesto de la castañera, así que se dirigió hacia allí relamiéndose de gusto:

― ¡Esta vez te pillo, listillo! ¡Te vas a enterar!

Pero en ese momento un silbido junto a su oreja le advirtió de que, esta vez el lanzamiento no había hecho diana en su persona y además le vino por la retaguardia, así que se volvió intrigado:

― ¿Humm? pero entonces ¿Dónde estás? ¡maldito gusano!

Y así fue como no se dio cuenta, de que esta vez el proyectil hizo impacto en un tranquilo viandante, que caminaba en avanzadilla ajeno a aquella conflagración. Según se dio la vuelta el buen hombre, se encontró con la expresión anonadada de Guille que aun sujetaba la castaña en la mano. Ambos se miraron, el señor con mirada desafiante y el chico sin saber donde mirar. Por suerte para el pequeño Robledo de los Robledales, justo en ese momento, una andanada de castañas volantes pasó rauda junto a ellos, alcanzando a algún que otro transeúnte. Cuando unos y otros quisieron reaccionar, el listillo de Luisito, que estaba disfrutando más que con sus videojuegos, ya había cambiado de atrincheramiento y reanudaba su ataque desde un nuevo ángulo.

En cosa de unos minutos la plaza se vio colapsada por una lluvia meteórica de castañas y un montón de ciudadanos sorprendidos, que miraban en todas direcciones sin saber que estaba ocurriendo. Unos se resguardaban poniéndose el antebrazo sobre la cabeza, otros se agachaban tras una de las papeleras, las señoras se parapetaban tras los caballeros, y los niños reían y se sumaban a aquella fantástica “guerra de las castañas”, de la que se habló durante mucho tiempo en el colegio.

Cuando tras la inesperada emboscada, algunos empezaron a reaccionar y se dieron cuenta de que se trataba de castañas, se dirigieron todos a una, y sin haberse puesto de acuerdo, hacia el puesto de castañas.

La castañera al verlos venir se puso muy contenta: ― ¡Madre mía, cuanto público hoy! –pensó- pero al fijarse en que todos traían las manos llenas de castañas, se quedó como conmocionada: ―¡Nunca me había ocurrido tal cosa, normalmente las castañas las pongo yo!

Cuando la situación se medio tranquilizó, pues todos a la vez se demandaban explicaciones los unos a los otros, la castañera, que no salía de su asombro, echó un vistazo al saco de sus castañas y viéndolo medio vacío empezó a imaginar lo que había pasado, pero para entonces Luisito ya iba camino de su casa con una sonrisa traviesa dibujada en la cara.


Theru

GERUNDEANDO

https://www.tallerdeescritores.com/quedate-en-casa-a-escribir?sc=dozmv7bo8hzl6um&in=kw35vb0jr7h13kf&random=9092 Por César Sánchez